Editoriales

«MI REFLEXIÓN DE HOY: LA VACUNA O MI VIDA»

Este martes, tuvimos mi esposa y yo, la oportunidad de ser vacunados con la primera dosis de la fórmula Pfizer para prevenir contra el virus del Covid-19.

Mucho leímos y discutimos casi un año, antes de tomar esa decisión, será cierto que a estas alturas de la pandemia, la única opción será ésa? ¡La vacuna o la vida!

Nada está realmente comprobado ahora, solo que el Coronavirus llegó para quedarse, que cambió nuestra manera de ver y vivir, instaurando una nueva normalidad, que no ha sido domada y ha sido muy letal para el mundo y desgraciadamente, para nosotros los sufridos mexicanos.

Sin duda, lo que se está buscando hasta ahora, es que a través de los que ya han sido contagiados, y ahora con los vacunados con algunas de las 12 diferentes dosis que circulan en el mercado, encontremos la llamada ‘inmunidad de rebaño’.

La anhelada y esperada vacuna, ese sencillo y a su vez complicado pinchazo, se nos presenta nebulosamente como el comienzo de la nueva vida.

Esperamos ser parte de esa estadística, de ser los sobrevivientes al final del año 2021.

Espero que primeramente, este gobierno que centraliza la compra, administración, aplicación y calendarización de la vacuna, logre cumplir la meta que hasta ahora se le ha salido de control. Decir que aplicar promedios de 20 mil vacunas diarias a este momento, cuando al menos se requieren de 250 a 500 mil diarias para poder inmunizar al menos al personal médico de primera línea, y a los adultos mayores al cierre de marzo, está muy lejos de cumplirse.

Mientras tanto, saber los límites de la vacuna ¿a cuántos salvará y a cuántos matará? Después de la vacuna, ¿en qué creeremos?

Al final, lo único que queda claro en la historia de la humanidad es que siempre alguien sobrevive, ese alguien siempre termina siendo el testimonio de lo bueno, lo malo, lo regular y de lo reincidente que puede llegar a ser el comportamiento humano.

A manera de colofón final o de mera reflexión, la vacuna me parece bien si se ve como una frontera de ilusión. Me parece mal si se observa como zona en la que esperamos que finalmente nos aleje esta pesadilla que controla nuestras vidas cotidianas, nuestras relaciones humanas y familiares, nuestras reuniones, divorcios, bautizos y encuentros.

Principalmente, deseo de todo corazón, que nuestra economía retome el rumbo perdido.

No se puede negar, que después de un año de pandemia, el Covid-19 se llevó más de un millón de empleos formales y de 3 millones de informales. Se perdió más del 8.5% del PIB en 2020.

Sabemos que la población en pobreza aumentó en cerca de 10 millones de personas, la mayoría extraída de las filas de las clases medias.

El sector turístico no vislumbra hasta ahora volver a su marcha, el comercio y los servicios a medio gas, la industria rotas en las cadenas de suministros, el sector agropecuario dando tumbos en medio de esta crisis y la sequía histórica que se presentó en paralelo.

Por ello, mi mejor deseo es ver con profunda ilusión y rebeldía, que esta 4T deje de lado su discurso polarizante y siente las bases de armonizarse entre los otros poderes y los gobiernos estatales y municipales para saldar todos juntos esta pandemia que no conoce de colores políticos.

La sociedad civil realmente eso está esperando, la nueva normalidad y la recuperación de nuestras vidas y de nuestros bolsillos.

La política, la política puede esperar…

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