Después de sufrir un año y dos meses de la pandemia del Covid-19, aparecida en Wuhan China a fines del año 2019 y en México en marzo del siguiente año, se puede hacer un balance previo de los principales efectos en la economía y la política nacional.

La contracción de la economía mexicana, estimada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) al cierre del 2020, fue alrededor de 8.5 por ciento del PIB, lo que repercutió en la seguridad alimentaria de casi 10 millones de personas.

Por lo anterior, el Coneval estima hasta 9.8 millones de nuevos pobres en medio de la pandemia.

En la presentación del informe del Coneval de febrero del 2021, el investigador Armando Bartra señaló que en un año de pandemia México regresó a niveles de pobreza correspondientes a hace 10 años.

La Inversión Fija Bruta (IFB) cayó 18.2% anual en 2020, se trata de su mayor contracción desde 1996, de acuerdo con cifras originales del Inegi.

El desempleo en el 2021 es uno de los problemas de la economía mexicana (según Inegi de 5.5%), le sigue la migración y la pobreza extrema. Debido al incremento del desempleo y los bajos salarios que tiene el país estimulan a las personas a emigrar.

La incertidumbre provocada por los efectos de la pandemia en la economía de México, así como la expectativa por las reformas al sector energético, al outsourcing y a la Ley del Banco de México (Banxico), entre otras, provocaron que en 2020 los inversionistas foráneos abandonaran activos financieros nacionales por 257 mil 238 millones de pesos.

La inflación en México llega a 4.12%, su mayor nivel en casi dos años. En la primera quincena de marzo, el alza de los energéticos provocó que la inflación rompiera por primera vez desde octubre el rango objetivo del Banco de México de 3% +/- un punto porcentual.

Por la misma pandemia cierran un millón de Mipymes en México. De las 4.9 millones de las micro, pequeñas y medianas empresas que había el año pasado, sólo sobrevivieron 3.85 millones al 2020.Entre los mayores afectados por esta situación están las pequeñas empresas y negocios, de los cuales una de cada cuatro habían desaparecido de los registros del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
En un país como México, en donde poco más de 5 de cada 10 personas laboran en la informalidad, el impacto resulta mucho mayor.
Sin embargo, México fue uno de los países de América Latina y el mundo que menos recursos destinó al apoyo del sector privado. De acuerdo con un análisis de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), México destinó apoyos y créditos para las empresas y negocios equivalentes a 3.8% del PIB. En contraste, Chile ha destinado 11.4%, Colombia 8 por ciento, Perú 7.6%, Uruguay 5.3% y Costa Rica 4.3 por ciento.

Con un presupuesto de egresos cada vez más restringido para el sector agropecuario, forestal y pesquero; con la desaparición de dependencias clave para impulsar la producción de los granos básicos; con un esquema de comercialización que no acaba de definir su participación en cuanto a que se vigile y se corrija que no haya ‘coyotes’ y agiotistas en el agro, los productores del sector social y privado no vislumbran que en el breve plazo de los próximos cuatro años, México pueda presumir de autosuficiencia y soberanía alimentaria.

La actividad productiva en el campo “ha caminado para abajo” y, como va, seguirá cayendo paulatinamente y la población más pobre padezca falta de trabajo, desnutrición y hambre, no sólo en el sector primario, donde están los más pobres, sino en las periferias de las ciudades grandes, medianas y pequeñas.

El crimen organizado controla entre 30 y 35% del territorio en México y esa es una de las razones que explica el incremento en el número de migrantes que llegan cada día a la frontera sur de Estados Unidos.

Así lo afirmó el general Glen VanHerk, jefe del Comando Norte de Estados Unidos, en una conferencia en el Pentágono en la que también participó Craig Faller, jefe del Comando Sur y en la que hablaron sobre las principales amenazas de enfrenta el país.

En temas políticos, durante los más de dos años cinco meses del gobierno del cambio, los mexicanos hemos atestiguado una administración de divisiones y polarizaciones, y de escasos resultados en lo económico y social.

Los acontecimientos políticos recientes al entrar los tiempos de elecciones, donde el 6 de junio se renovarán la mayoría de los puestos claves del poder ejecutivo y legislativo, los mas de 2 mil 500 municipios del pais y 12 gobiernos estatales, las señales hasta el momento son alarmantes, diariamente se amenazan a las instituciones garantes de la democracia mexicana.

Asimismo, las diferencias del actual gobierno con el de Joe Biden son cada día más obvias, los coqueteos con el gobierno de Rusia marcan un antes y un después de las relaciones con Donald Trump y ahora con Biden.

Primero Trump nos recetaba junto con la DEA el sospechoso caso Gral. Salvador Cienfuegos, luego ya con el gobierno democráta, el Pentágono nos delataban de tener el 35% del territorio dominado por los criminales. Esta misma semana, el gobernador de Texas solicita al gobierno de Biden declarar a los narcos mexicanos como terroristas.

Sin embargo, en medio de esas polémicas nuestro gobierno contraataca internamente con un Transitorio a través del Senado para extender el mandato del ministro Zaldivar por dos años más, asegurando el control de lleno de los tres poderes de la Unión.

En México no existe una clara linea de la oposición, los empresarios están desarticulados, las Iglesias están coptadas, las clases medias desfasadas, los partidos políticos sin rumbo y sin brújula, los intelectuales sin líderes reales, los medios de comunicación comprados y/o amenazados, las feministas sin precisión.

Instituciones autónomas, como el INE, TRIFE, CNDH, COFETEL, etcétera se encuentran secuestradas.

Este gobierno navega sin cortapisas ni limitaciones, las encuestadoras están entregadas, el horizonte se perfila incierto e impredecible…

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