Esta semana se volvieron a cimbrar las relaciones diplomáticas y políticas entre los gobiernos de México y los Estados Unidos (EE.UU.) ante la decisión de volver a blindar la frontera entre el sur de Chiapas y norte de Guatemala, con soldados integrantes de la Guardia Nacional (GN), similar al hecho registrado en junio del 2019, cuando el gobierno de Donald Trump negoció (impuso) el blindaje con cerca de 25 mil GN  a cambio de no establecer aranceles contra nuestras exportaciones.

Este lunes trascendió por parte de la vocera de la Casa Blanca, que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador acordó con EE.UU. el despliegue de 10 mil soldados en la frontera sur de México.

Así lo confirmó el mismo lunes la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, en conferencia de prensa. Aseguró que la decisión fue resultado de pláticas entre los gobiernos de Guatemala, Honduras y México.

La administración mexicana fue la que tomó la iniciativa de enviar 10 mil tropas a la frontera sur, añadió Psaki, mientras que Guatemala y Honduras desplegarán mil 500 y siete mil agentes, que se repartirán entre personal militar y policías.

Desde el 19 de marzo, el gobierno de México informó sobre el envío de operativos a su frontera con Centroamérica; sin embargo, no especificó la cifra de elementos que implementaría.

A través del Instituto Nacional de Migración (INM), se anunció que la operación era para “salvaguardar los derechos e integridad de menores de edad migrantes de diferentes naciones centroamericanas, usados por redes criminales como salvoconducto de tránsito para llegar al norte del país”.

Del 1 de enero hasta el 18 de marzo de 2021 se habían identificado cuatro mil 180 niñas, niños y adolescentes, acompañados y no acompañados, presas del tráfico de personas.

Lo que no se informó, y es un factor de suma importancia, es que en la realidad los contingentes de centroamericanos desde principios de este año se han venido desbordando y han rebasado las estadísticas de cruces ilegales de los últimos 20 años a través de México. De tal forma que sólo en marzo se desplazaron más de 173 mil personas, siendo de ellas, más de 18 mil de ‘menores no acompañados’, lo que implica una verdadera crisis migratoria sin precedentes.

Además, se minimiza el hecho, que dicha migración desbocada es en gran parte provocada y manipulada por bandas criminales de ‘tráfico de personas’, mismas que han tomado la medida a las autoridades de los tres países del Triángulo Norte de Centroamérica, México y los propios estadounidenses.

Otro factor de dicha simulación y manipulación, son las sospechosas organizaciones de caravanas o éxodos de migrantes, que han dejado de ser un movimiento natural de autodefensa y protección, y se han convertido en un mecanismo de presión amparados en los ‘derechos humanos’ de los migrantes para justificar las grandes masas de transmigrantes en tránsito.

Este nuevo uso de caravanas o éxodos, con muchos migrantes -arriba de mil personas cada una- familias enteras, personas con alguna discapacidad, mascotas, incluso niños solos ‘no acompañados’ y mujeres embarazadas, y la organización de ellas por especialistas en movilizaciones humanas, como el caso de la ONG “Pueblos sin Fronteras” y la OSC del Padre mexicano Alejandro Solalinde, dicen buscar aminorar los riesgos en tránsito.

Por lo que dieron forma para que éstas, de ser hechos aislados y no masivos, resultaran en lo que está sucediendo desde el 12 de octubre del año 2018, con aquella caravana inicial desde San Pedro Sula Honduras, de mil gentes, que se fue haciendo masiva en el trayecto.

Además se fue generalizando con la suma de otros migrantes de pueblos vecinos de El Salvador y Guatemala, incluso de otros continentes, regiones y los propios pueblos mexicanos del sureste.

Este fenómeno amenaza en volver a repetirse este año 2021, por lo que se interpreta que esa es una de las razones para volver a blindar la frontera sur, y no volver a registrar grandes grupos migratorios en la frontera norte desde Tijuana hasta Matamoros.

Por ello, aún no terminan de armarse y organizarse caravanas o éxodos. Seguramente veremos en los próximos días nuevos intentos de formación  de grupos masivos, y el desenlace de esta triste historia de éxodos humanos huyendo de sus países por la violencia y marginación se seguirán operando.

Lo más preocupante será saber si los migrantes una vez concentrados en la frontera norte, volverían a amotinarse tratando de romper el blindaje anunciado.

Por otra parte, se teme que de seguir aumentando los grupos de migrantes en la misma frontera norte, estos podrían optar por violentar la entrada a los Estados Unidos, en lo que ellos llamaron desde el año 2018, “El Portazo Desesperado”, retando primero al presidente Donald Trump, ahora querer hacerlo con el bien intencionado nuevo presidente, Joe Biden.

La solución integral y estructural, no está en reprimir a los migrantes, o de cuestionar las formas que ellos escojan para migrar libremente. La solución de largo plazo, deberá ser atender las causas que originan los fenómenos migratorios desde los tiempos que existe la humanidad.

Atender las causas de la pobreza, miseria, hambre, desigualdad y violencia. La respuesta la tienen los políticos de los países pobres y poderosos. Al mundo le urge revisar y modificar las corrientes neoliberales de la economía. Es menester cambiar al modelo económico mundial.

Pero estamos concientes que esto no se da en el corto plazo, incluso tampoco en el mediano, esta labor estructural requiere mucho tiempo, muchos recursos humanos y económicos, infraestructura, pero sobre todo gran voluntad política.

Esta nueva historia entre el gobierno de Biden con el mexicano de López Obrador y los de tres presidentes centroamericanos limitados políticamente para operar, requieren gran comunicación y entendimiento, cosa que deberá negociar plenamente la representación de EE.UU. en la persona de Kamala Harris, vicepresidente que tiene esa seria responsabilidad..

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